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El Reino de los Pestañeos
11 de julio de 2026

El Reino de los Pestañeos

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CUENTOS

El Reino de los Pestañeos

«A veces, para descubrir el mundo, primero hay que aprender a cerrar los ojos.»

Por Julio César Carrasco
Psicólogo Clínico

ANTES DE LEER

Vivimos en una época que nos enseña a mantener los ojos siempre abiertos. Más atentos. Más rápidos. Más disponibles. Como si descansar fuera perder el tiempo. Como si detenerse significara quedarse atrás.

Sin embargo, la mente humana necesita pausas para integrar la experiencia, regular las emociones y volver a encontrarse consigo misma.

Este cuento nació de esa idea. No pretende explicar cómo funciona el cerebro ni enseñar una técnica de relajación. Solo invita, por unos minutos, a mirar de otra manera aquello que ocurre cada vez que cerramos los ojos.


EL REINO DE LOS PESTAÑEOS

Rosario era una niña tan curiosa que se preguntaba siempre qué ocurría cuando pestañeaba.

—¡Qué lata perderse algo justo en ese momento! —pensaba mientras intentaba mantener los ojos abiertos como dos pequeñas linternas.

Su abuela, con esa serenidad que solo algunas personas consiguen después de muchos años de vivir, sonrió y le dijo:

—Cada pestañeo es una ventanita hacia otro mundo.

Rosario frunció el ceño.

—¿Otro mundo?

—Uno que casi nadie recuerda visitar.

Desde ese día comenzó a investigar. Cada vez que sus párpados descendían por un instante, imaginaba que entraba a un lugar distinto. Allí las nubes conversaban en voz baja, los árboles guardaban historias antiguas y las mariposas parecían pintar el aire con alas de colores imposibles.

Al abrir nuevamente los ojos, todo seguía igual. Y, sin embargo, algo dentro de ella era diferente.

Con el tiempo comprendió que aquellos breves momentos de oscuridad no existían para perderse el mundo. Existían para volver a encontrarse con él desde otro lugar.

Aprendió entonces a cerrar los ojos de vez en cuando. A respirar. A escuchar el silencio. A descubrir que dentro de ella existía un paisaje tan amplio como cualquier bosque, cualquier océano o cualquier cielo.

Y desde ese día vivió con una certeza nueva.

Las mejores aventuras no siempre ocurren cuando abrimos los ojos.

Algunas comienzan, precisamente, cuando nos permitimos cerrarlos.


UNA PAUSA PARA PENSAR

Quizá este cuento no habla realmente de los pestañeos. Quizá habla de todas esas pausas que dejamos de concedernos. Del silencio. De la respiración. Del descanso. Del espacio necesario para que una experiencia se convierta en comprensión.

En psicología solemos preocuparnos por aquello que hacemos. Con menos frecuencia pensamos en aquello que ocurre cuando dejamos de hacer. Sin embargo, muchas veces la regulación emocional comienza precisamente ahí: en la capacidad de detenernos lo suficiente como para volver a escucharnos.

Tal vez el Reino de los Pestañeos no exista. O tal vez aparezca cada vez que decidimos regalarle unos segundos de descanso a nuestra mente.

PARA CONVERSAR

No existen respuestas correctas. Solo preguntas que pueden abrir nuevas conversaciones.

  • ¿Qué crees que simboliza el Reino de los Pestañeos?
  • ¿Cuándo fue la última vez que te permitiste simplemente detenerte?
  • ¿Qué ocurre dentro de ti cuando aparece el silencio?
  • ¿Te resulta fácil descansar o sientes que siempre deberías estar haciendo algo?
  • Si existiera un reino al que solo pudieras entrar cerrando los ojos, ¿qué te gustaría encontrar allí?

SI ESTE CUENTO RESONÓ CONTIGO…

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