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El coleccionista de portadas
10 de julio de 2026

El coleccionista de portadas

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CUENTOS

El coleccionista de portadas

«Un cuento sobre conocerse para conocer.»

Por Julio César Carrasco · Psicólogo Clínico


PRIMERA PARTE · LA BIBLIOTECA

A los diecisiete años, Tomás estaba convencido de que el amor era una biblioteca. No una cualquiera: una infinita, de pasillos tibios y lámparas bajas, donde cada persona era un libro esperando ser encontrado.

Pasaba horas mirando portadas. Las había elegantes, misteriosas, luminosas. Algunas prometían aventuras; otras, una vida en calma. Tomás se preguntaba cuál sería el libro perfecto para él. Pero tenía un problema que no le contaba a nadie.

Cada vez que una portada lo deslumbraba, la abría, leía la primera página… y no sabía cómo seguir. Una pregunta. Después otra. Y enseguida, ese silencio incómodo que conocen todos los que alguna vez quisieron gustar y no supieron cómo.

No era que el otro libro estuviera vacío. Era que él no sabía leer despacio.

Una tarde, el viejo bibliotecario que siempre lo observaba desde un rincón le hizo una pregunta extraña:

—¿Y tú? ¿Ya leíste el tuyo?

—¿Cuál?

—Tu libro.

—Yo no soy un libro.

—Todos lo somos. La diferencia es que algunos se escriben… y otros se quedan en blanco.

Del estante más olvidado sacó un volumen completamente blanco. Sin título. Sin nombre. Sin ilustraciones.

—Este eres tú.

Tomás lo abrió. Las páginas estaban vacías.

Nadie puede leer en voz alta un libro que no ha escrito.

—¿Cuál es tu capítulo favorito de tu infancia?

—¿Qué te da miedo de verdad?

—¿Qué te hace reír hasta que te duela?

—¿Cuál ha sido tu mayor decepción?

—¿Qué quisieras hacer antes de morir?

Silencio. Cinco veces silencio.

Tomás no tenía respuestas. No porque no existieran: nunca se había detenido a buscarlas. Quería ser leído sin haberse leído.

—No escribas para que te lean. Escribe para saber quién eres.

Los buenos lectores llegan solos.


SEGUNDA PARTE · LA ESCRITURA

Tomás dejó de buscar portadas. Y empezó a escribir.

Aprendió a estar solo sin sentirse abandonado, que es una de las páginas más difíciles de redactar. Viajó. Leyó. Se equivocó. Pidió perdón, que es distinto de pedir disculpas: pedir perdón deja marca en la página.

Le puso nombre a emociones que antes solo eran ruido: esto es rabia, esto es nostalgia, esto es miedo disfrazado de indiferencia.

Un día se atrevió a releer los capítulos que dolían. Encontró páginas rasgadas. Algunas manchadas. Una que alguien más había arrancado sin permiso.

Volvió donde el bibliotecario, con el libro abierto en esas heridas.

—¿Y con esto qué hago? ¿Lo arranco?

—No arranques nada. Repara con oro. Un libro sin páginas difíciles no ha vivido. Y un lector que valga la pena no se asusta de las cicatrices: se detiene en ellas con respeto.


TERCERA PARTE · LA LECTURA

Años después, otra portada le llamó la atención. No era la más brillante: tenía algo verdadero.

Preguntó. Escuchó. Volvió a preguntar. No para agradar: para comprender. Escuchar de verdad es una forma de lectura lenta.

Y cuando llegó su turno de hablar de sí mismo, no tuvo que inventar nada. Simplemente abrió su propio libro. Capítulos divertidos. Otros dolorosos. Algunos cosidos con hilo dorado. Varios todavía inconclusos. Pero todos eran verdaderos.

Las personas no se enamoran de las portadas. Las portadas solo invitan a acercarse. Es la historia la que hace que alguien quiera quedarse leyendo.

Porque amar nunca fue encontrar el libro perfecto. Amar es tener el valor de escribir el propio… y la paciencia de leer, hasta el final, el de otro.

· FIN ·


PARA CONVERSAR DESPUÉS DEL CUENTO

  • Si tu vida fuera un libro, ¿qué capítulos ya están escritos? ¿Qué título tendría cada uno?
  • ¿Qué preguntas del bibliotecario no sabrías responder hoy? ¿Cuál te gustaría responder primero?
  • ¿Tiendes a coleccionar portadas o a leer libros? ¿Cómo lo notas?
  • ¿Qué página tuya está rasgada o manchada? ¿Qué significaría repararla con oro en vez de arrancarla?
  • Cuando conoces a alguien, ¿preguntas para impresionar o para comprender?
  • ¿Qué experiencia podrías vivir este mes que agregue una página nueva a tu libro?

SI ESTE CUENTO RESONÓ CONTIGO…

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