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La terapia no borra el recuerdo: le devuelve su fecha.
I. Un plato quebrado
Tengo sobre el escritorio un plato partido en dos. La grieta lo cruza de lado a lado, y nada de lo que hagamos va a lograr que esa grieta no haya existido. En la tradición japonesa del kintsugi, la pieza se repara uniendo los fragmentos con oro. La fractura no se esconde: se integra. El plato vuelve a servir, y su historia queda a la vista.
Este 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, la Federación Mundial de Salud Mental propone poner en el centro las experiencias vividas y la necesidad de que sean escuchadas. Me parece una buena ocasión para desarmar un malentendido muy extendido sobre lo que la terapia hace con esas experiencias.
II. «Quiero que me borre esto»
Es una de las frases que más escucho en una primera sesión. La persona llega cansada de un recuerdo que vuelve sin permiso: en una pesadilla, en un olor, en el tono de una voz. Lo que pide es razonable: que deje de doler. Pero lo formula como si la terapia fuera una goma de borrar.
Esa expectativa tiene un costo. Quien espera olvidar suele sentir que fracasa cuando, después de meses de trabajo, todavía recuerda. Y a veces abandona justo cuando el cambio estaba ocurriendo, porque el cambio real no se parece a lo que imaginaba.
III. Por qué un recuerdo traumático no se siente pasado
La psicología del trauma ha estudiado con bastante precisión qué tienen de distinto estos recuerdos. Anke Ehlers y David Clark describieron que la memoria traumática se revive con una «sensación de ahora»: no se recuerda como algo que ocurrió, sino que se vuelve a experimentar como si estuviera ocurriendo. Chris Brewin y sus colegas lo explican desde otro ángulo: el trauma deja una huella muy sensorial y poco contextualizada, que no quedó bien anclada en el tiempo y el lugar en que sucedió.
Dicho de manera simple: el recuerdo traumático perdió su fecha. Por eso un detalle mínimo del presente basta para traer de vuelta, con toda su intensidad, algo que pasó hace veinte años.
IV. Lo que hace la terapia
Si el problema es ese, la tarea de la terapia no es eliminar el recuerdo. Es devolverlo a su lugar.
La terapia no borra el recuerdo: le devuelve su fecha.
Los distintos abordajes llegan a eso por caminos diferentes. En EMDR, la investigación sobre memoria de trabajo ha mostrado que el recuerdo pierde nitidez y carga emocional, no que desaparezca. El Deep Brain Reorienting trabaja la reacción corporal que se dispara antes de la emoción. La Terapia Escrita de Trauma usa la escritura repetida sobre el mismo evento para que deje de vivirse como amenaza. Y en el trauma complejo, programas como Finding Solid Ground enseñan primero algo previo e indispensable: distinguir el pasado del presente.
En todos los casos, la persona termina con el mismo recuerdo y una relación distinta con él. Puede contarlo sin que la voz se le quiebre. Puede pensar en eso y seguir en la habitación. El recuerdo sigue ahí, pero ya no manda.
V. Ni borrar ni fabricar
Hay un mito simétrico al del olvido, y es igual de importante desarmarlo: la idea de que la terapia sirve para «recuperar» recuerdos que la persona no tiene. La investigación de Elizabeth Loftus mostró hace décadas que la memoria es reconstructiva y que, bajo sugestión, es posible llegar a recordar con convicción hechos que nunca ocurrieron.
Por eso una terapia seria no presiona para encontrar lo que no aparece, ni sugiere historias. Trabaja con lo que la persona trae. La terapia ni borra ni fabrica: integra.
VI. Recordar sin volver a habitarlo
Cuando el trabajo funciona, ocurre algo que desde fuera parece pequeño y desde dentro es enorme: la persona puede recordar sin volver a estar ahí. Sabe que eso pasó. Sabe que dolió. Y sabe, también con el cuerpo, que ya no está pasando.
Eso es, para mí, sanar. No que la grieta desaparezca, sino que deje de ser una herida abierta y pase a ser parte de la historia. Como en el plato: la línea de oro no niega la fractura; la convierte en un lugar por donde la pieza se sostiene.
Si hay un recuerdo que sigue doliendo como el primer día, que vuelve en pesadillas o te obliga a organizar la vida para no tocarlo, vale la pena consultar con un profesional formado en trauma. No para olvidar. Para poder recordar de otra manera.
Este texto forma parte de mi participación en la campaña «Un consejo, cien psicólogos» de Psicología y Mente, por el Día Mundial de la Salud Mental 2026. #HablemosDeSaludMental
Referencias
- Brewin, C. R., Gregory, J. D., Lipton, M., & Burgess, N. (2010). Intrusive images in psychological disorders: Characteristics, neural mechanisms, and treatment implications. Psychological Review, 117(1), 210–232.
- Ehlers, A., & Clark, D. M. (2000). A cognitive model of posttraumatic stress disorder. Behaviour Research and Therapy, 38(4), 319–345.
- Loftus, E. F., & Pickrell, J. E. (1995). The formation of false memories. Psychiatric Annals, 25(12), 720–725.
- van den Hout, M. A., & Engelhard, I. M. (2012). How does EMDR work? Journal of Experimental Psychopathology, 3(5), 724–738.
Para profundizar: Memoria traumática en Kintsugipedia.
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