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¿Qué es el trauma emocional?

 

El Trauma es la respuesta subjetiva del ser humano ante la exposición a uno o más eventos estresantes que para el sujeto resultan altamente perturbadores. La sintomatología es variada, en algunos individuos se puede observar sensación de miedo. En otros, angustia, anhedonia, o estados de ánimo disfóricos, síntomas de enfado, hostilidad, creencias negativas o síntomas disociativos. Recuerdos intrusivos del evento con componentes sensoriales, emocionales o fisiológicos, (DSM-5).

Los traumas nos suceden a todos, a nuestros padres, hijos y amigos. No es necesario haber estado en presencia de un conflicto bélico, en un atentado terrorista o en una catástrofe natural, (Van Der Kolk, 2014) Según la Unicef (2019), el 25,9% de los niños, niñas o adolescentes ha sido víctima de algún tipo de violencia grave. En el 2019, las denuncias de víctimas de abuso sexual aumentaron en un 7,5% en menores de 14 años.

La encuesta longitudinal de primera infancia (ELPI, 2017), reveló que el 62% de los padres admite usar métodos de disciplina violentos con sus hijos, donde surgen los gritos, palmadas en el trasero y cabeza, insultos, comentarios devaluativos, golpes o maltrato físico. Siendo los más pequeños los que sufren más castigo corporal que los más grandes.

Las experiencias traumáticas dejan huellas en nuestra mente, emociones, y cuerpo (somatizaciones), en nuestra capacidad de relacionarnos adecuadamente con otros. En nuestra capacidad para mantener relaciones íntimas saludables. El trauma también afecta a las víctimas indirectas, quienes rodean a la persona afectada. Como los hijos de padres depresivos, las parejas de personas adictas al alcohol, etc… (Van Der Kolk, 2014).

Generalmente el trauma es tan insoportable que la persona afectada intenta aparentar que nada ha ocurrido, que todo anda bien y no necesitan ayuda. Sufren tanto que cuando recuerdan lo vivido intentan eliminarlo de sus mentes, sólo quieren olvidar. Sufren un gran desgaste energético para sobrellevar el terror vivido, la culpa por sentirse débiles, por no haberse defendido, por el miedo a ser vulnerables. (Van Der Kolk, 2014).

Sin embargo, pese a todos nuestros esfuerzos por aparentar, lo que a veces funciona muy bien a nivel del cerebro racional, no funciona bien en nuestro cerebro reptiliano que es el que nos asegura poder sobrevivir, modula las funciones de comer, huir, pelear, sexo, temperatura corporal. Por ende, aunque sea mucho tiempo después, cualquier atisbo de peligro hará que esta parte reptiliana se active movilizando los circuitos alterados para defenderse, secretando grandes cantidades de hormonas del estrés (Van Der Kolk, 2014).

Con esto se vuelven a sentir aquellas emociones desagradables, sensaciones físicas muy intensas no deseadas, se actúa impulsivamente y a veces agresivamente. Estas reacciones postraumáticas, usualmente no se comprenden, la persona se siente fuera de control, abrumada, a veces se perciben así mismos como “dañados” sin posibilidad de alivio. (Van Der Kolk, 2014) Con la Terapia Psicológica EMDR, podemos tratar cada situación traumática y sus perturbaciones. Como también los actuales detonadores que hacen revivir la situación original. Para luego desarrollar patrones futuros de comportamientos más adaptativos.

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