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Si consideras que han ocurrido sucesos a lo largo de tu vida que de una forma u otra te mantienen anclado al pasado y no te dejan progresar, el abordaje EMDR te puede resultar de gran ayuda.
Por otra parte, en muchas ocasiones hay pacientes que no consiguen identificar de donde le vienen sus dificultades e, igualmente, no consiguen alcanzar el nivel de bienestar que les gustaría. También para estos pacientes está recomendada la terapia EMDR, puesto que a través de las dificultades que una persona tiene en el presente, es posible con la ayuda del terapeuta liberar la mente para identificar aquellos eventos asociados y así poder trabajar con ellos.
Igualmente, si no duerme bien desde hace tiempo, si tiene mal humor continuo, cansancio crónico sin base orgánica, si no puede dejar de utilizar internet cuando está solo o aburrido, incluso si tiene problemas en la comunicación, si se muestra competitivo cuando conduce, si está ansioso, si se siente atrapado en las relaciones, si las relaciones no funcionan, si juega compulsivamente, si se le olvidan las cosas con frecuencia, si está “como ido”, etc., en todos estos casos se puede beneficiar de un tratamiento con EMDR.

Los recuerdos no se olvidan. Con EMDR los recuerdos o experiencias traumáticas pierden carga negativa emocional, cognitiva y sensorial, es decir, dejan de generar un malestar. Se refuerzan las experiencias adaptativas y funcionales, incrementando su percepción positiva. Y en la medida que se avanza en la terapia con EMDR, muchos recuerdos agradables y desagradables, que se creían ya olvidados comienzan a aflorar permitiendo que se trabaje con ellos.

El tratamiento con EMDR puede ser aplicado desde niños a adultos sin restricción de edad. Sin embargo, si el profesional lo estima conveniente se podrá realizar otro tipo de tratamiento psicológico, lo que sería comunicado al paciente.

La duración del tratamiento con EMDR varía en función de los niveles de malestar o perturbación, síntomas, situaciones traumáticas vividas, trastorno psicológico y la propia subjetividad del paciente.
Puede ser desde 10 sesiones para un trauma simple o un tratamiento de un año y más para casos más complejos y crónicos.

Cada sesión EMDR tiene una duración aproximada de 45 minutos.

Lo más habitual cuando trabajamos con EMDR es realizar una sesión por semana. El abordaje EMDR cuenta con la ventaja de que existe reprocesamiento entre sesiones una vez que se ha comenzado el proceso. Para casos más graves quizás pueda ser recomendable al inicio de la terapia aumentar la frecuencia de las sesiones semanales. Y en fase de seguimiento, se puede espaciar las sesiones, a modo quincenal, mensual, semestral, e incluso anual.

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